El aura de favorito que envuelve a Alexander Zverev a su llegada al Masters 1000 de Montreal no nubla su sentido crítico. Recientemente coronado rey de Roland Garros tras una epopeya inolvidable sobre la arcilla parisina, el número dos del ranking mundial asumió la portavocía del vestuario para abordar la grieta más profunda del circuito moderno: la deserción en masa de las grandes luminarias del deporte blanco.
La rebelión de Alexander Zverev: El dardo al calendario que justifica el vacío en Canadá
Sin la presencia de Jannik Sinner, Novak Djokovic ni Carlos Alcaraz, el germano alzó la voz durante su comparecencia ante los medios. Lejos de esquivar la incomodidad, Zverev responsabilizó directamente al polémico formato de dos semanas en los Masters 1000, un esquema que extenúa la resistencia física y mental del atleta en la antesala del US Open.
“Creo que es el segundo o tercer año consecutivo que no están Alcaraz, Sinner ni Djokovic. Eso es consecuencia de los Masters 1000 de dos semanas. Es demasiado tiempo para algunos jugadores, demasiado antes del US Open. Siempre quieres competir contra los mejores, pero lo entiendo; de hecho, nosotros también pensamos en saltarnos Montreal este año”, admitió sin rodeos.
El mito de los millones y el rechazo a las sanciones
Ante la pregunta de si la ATP debería implementar incentivos económicos o castigos en el ranking para obligar la presencia de figuras de la talla de Novak Djokovic, el hamburgués fue categórico. Para el alemán, pretender condicionar a atletas legendarios mediante multas o presiones financieras es una lectura infantil de la realidad del tenis de élite.
“¿Crees que a Novak le importará si recibe una bonificación mayor? Creo que el tipo tiene más de 400 millones en su cuenta bancaria, así que no estoy seguro de que le importe. Tampoco creo que le importe su clasificación. Si nos obligas a estar fuera dos semanas y media o tres semanas, no puedes obligarnos a jugar. Lo siento, eso es una tontería”, sentenció de forma tajante Alexander Zverev.
El peaje del éxito y la mirada fija en Nueva York
A pesar de la amargura reciente tras ceder en la final de Wimbledon frente al impecable tenis de Sinner —en un duelo que, según el propio germano, "pudo llegar tranquilamente al quinto set"—, Zverev entiende que su físico exige ritmo competitivo. A diferencia de sus rivales generacionales, él necesita la fricción del partido para afinar la máquina de cara al trono del tenis mundial.
“No creo que vaya a jugar mi mejor tenis aquí, pero gracias a estar en Montreal jugaré mejor en Cincinnati y, con suerte, mi mejor versión en Nueva York. El objetivo principal siempre debe ser perfeccionar tu juego; subir en el ranking o ser número uno vendrá después”, cerró el astro teutón.
