El abrumador dominio ejercido por Jannik Sinner y Carlos Alcaraz en el circuito ATP ha obligado a los cuerpos técnicos de la élite a rediseñar por completo sus esquemas de juego. Con la zona alta del ranking buscando resquicios por donde acelerar intercambios, el experimentado entrenador estadounidense Brad Stine —artífice en su momento del ascenso de Jim Courier a la cima mundial— reveló la hoja de ruta táctica que ha implementado en su pupilo, Tommy Paul, para intentar recortar la distancia respecto al italiano y al español.
La revolución del riesgo: La fórmula de Brad Stine para descifrar el muro Sinner-Alcaraz
A pesar de que el diestro de Nueva Jersey ostenta antecedentes victoriosos frente a ambas raquetas (dos triunfos sobre el murciano y uno ante el de San Cándido), la evolución reciente de los dos máximos referentes del circuito exige una vuelta de tuerca conceptual. En diálogo con Tennis Channel, Stine desglosó el nacimiento de la versión "Tommy Paul 6.0".
“Esa fue una parte importante de nuestro Tommy Paul 6.0. Impulsamos a Tommy a convertirse en un jugador que crea más golpes, más agresivo con sus golpes de fondo básicos y su estilo de golpeo, por lo que está tratando de dedicarle un poco menos de tiempo a eso”.
La barrera psicológica: Un jugador adverso al riesgo
La gran dificultad para ejecutar este cambio biomecánico no reside únicamente en la técnica, sino en la naturaleza competitiva del actual número 21 de la clasificación mundial. Según analiza su propio entrenador, existe un contraste evidente entre la personalidad desinhibida de Paul fuera de las pistas y su arraigada prudencia dentro del rectángulo de juego.
“Aunque Tommy juega un tenis agresivo, a menos que estés cerca de él, no te das cuenta de que es una persona un tanto reacia al riesgo como tenista”.
Aceptar el error como peaje obligatorio
Formado bajo una escuela tradicional enfocada en la consistencia de fondo, la transición hacia un tenis de aceleración constante ha requerido un importante desgaste mental para asimilar el incremento natural de los errores no forzados.
“En la pista de tenis odia fallar pelotas; desde pequeño le han inculcado que no se deben cometer errores no forzados. Hizo falta algo de estrés y presión para que intentara jugar con más potencia, lo que conlleva cometer algunos errores más, pero el precio a pagar era justo lo que necesitaba para intentar vencer a esos jugadores”.
Con la gira norteamericana sobre cemento en el horizonte cercano, el laboratorio de Stine plantea una premisa clara para el resto del vestuario: ante dos fenómenos que le quitan el aire al rival, la única alternativa es golpear primero y asumir las consecuencias en la pizarra.
