Carlos Alcaraz ha dejado de ser una promesa para convertirse en el dueño absoluto del escenario en Melbourne. Tras desmantelar la resistencia de Alex de Miñaur en un partido que rozó la perfección, el murciano no solo celebró su pase a semifinales, sino que marcó territorio frente a su próximo gran obstáculo: Alexander Zverev. Con la confianza de quien se sabe en estado de gracia, el español fue tajante: si el alemán quiere estar en la final del domingo, tendrá que estar dispuesto a sufrir lo indecible en la pista.
Un nivel que roza la perfección de Nueva York
Al comparar su tenis actual con el que le dio el título en el US Open, Alcaraz admitió que, aunque aquel pico fue una locura inalcanzable, lo que está haciendo hoy "está bastante cerca". "Hoy he jugado el mejor partido del torneo. Dejo que la gente hable sobre cuál es el mejor nivel, pero estoy orgulloso de cómo estoy jugando aquí", confesó el murciano, quien se autocalifica con un 8,5, una nota que suena a advertencia para el resto del circuito.
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El veneno de cara a las semifinales
La frase que ya retumba en las paredes de la Rod Laver Arena llegó cuando se le preguntó por su duelo ante Sascha Zverev. Lejos de utilizar un discurso diplomático, recordó el set de entrenamiento que compartieron antes de arrancar el torneo como un aviso de la intensidad que viene. Con una sonrisa que denota una confianza absoluta, sentenció: "Sé lo que tengo que hacer. Estaré bien preparado y, sí, si quiere ganarme, va a tener que sudar mucho".
Coming up, a first visit to the semi's at Melbourne Park ⌛@wwos • @espn • @tntsports • @wowowtennis • #AO26 pic.twitter.com/qoekKxLSvD
— #AusOpen (@AustralianOpen) January 27, 2026
Desconexión y videojuegos antes de la gloria
Lejos de la presión mediática y el ruido exterior, el número 1 del mundo planea sus días libres entre el campo de golf y las partidas online con sus amigos. "He aprendido a intentar no escuchar, a seguir el camino que creemos correcto. No es un alivio ni me he quitado ninguna presión, porque juego para mí y para mi familia", concluyó el español, quien ha entendido que cada paso en este Australian Open no es un alivio, sino un aprendizaje continuo hacia la eternidad.
