En el tenis de élite, la gloria tiene una memoria cortísima. Wim Fissette lo sabe mejor que nadie. El hombre que guio a Iga Swiatek a conquistar la catedral de Wimbledon en 2025 y a levantar trofeos en Cincinnati y Seúl, hoy se encuentra fuera del círculo íntimo de la polaca. Tras un inicio de 2026 donde la "Reina de Varsovia" no ha logrado romper el muro de los cuartos de final, la cuerda se rompió por el lado más delgado: el del banquillo.
La Dictadura de la Expectativa: "Era imposible hacerlo mejor"
En una entrevista reveladora con The Athletic, Fissette ha decidido hablar sin rencor, pero con la crudeza de quien conoce las entrañas del poder. "Como en cualquier deporte, el entrenador siempre es el primero en irse. Al más alto nivel deportivo, esto forma parte del trabajo y hay que aceptarlo", confesó el belga, asumiendo su rol de pararrayos ante la frustración de la actual número 4 del mundo.
Para Fissette, el problema no fue la falta de trabajo, sino el peso de una perfección previa que se volvió insostenible. "Fue prácticamente invencible durante algunos años. Las expectativas van a ser altísimas y cada derrota dolerá más. Era consciente de las dificultades de este proyecto", analizó. Según su visión, el listón estaba tan alto que cualquier resultado que no fuera el trofeo se sentía como un fracaso sistémico.
El Refugio en lo Conocido: ¿Por qué Francis Roig?
La desvinculación, anunciada por Swiatek tras su decepcionante paso por Miami, dejó una frase que resuena con fuerza: "He decidido tomar una ruta diferente". Esa ruta tiene nombre y apellido: Francisco Roig. La contratación del español, que detonó un escándalo colateral al abandonar a Perricard, es interpretada por Fissette como un movimiento natural de búsqueda de seguridad.
"Ella ha estado trabajando con las mismas personas durante muchos años y ha tenido un éxito rotundo. Es normal que, en momentos difíciles, recurra a estas personas o que busque algo más de ellas", explicó Wim, señalando esa necesidad humana de volver a las raíces —o a perfiles similares— cuando el suelo empieza a temblar.
Un Legado de Grand Slam en la tormenta
A pesar de la ruptura abrupta, el balance de Fissette es positivo. Juntos hicieron realidad el sueño de Iga de reinar sobre el césped londinense, una superficie que siempre le fue esquiva. "Estoy muy contento de haber aceptado el reto y satisfecho con lo que logramos. Iga es una jugadora y atleta extraordinaria", concluyó el técnico belga, cerrando un capítulo intenso pero marcado por la fatiga mental de una jugadora que siente "insuficiencia y responsabilidad" tras cada caída.
Mientras Swiatek busca recuperar el trono y su sexto Grand Slam bajo la tutela de Roig, Fissette se marcha con la cabeza alta. En el tenis, como en el teatro, el guionista puede cambiar, pero el drama de la victoria sigue exigiendo sacrificios.
