Emilio Sánchez Vicario: Roma siempre ha sido para mí muy especial



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Emilio Sánchez Vicario: Roma siempre ha sido para mí muy especial

30 años de su mayor victoria en el circuito individual. 30 años de una hazaña. 30 años de una victoria entre los dioses. 30 años después, Emilio Sánchez Vicario rememora su mayor victoria en el circuito individual.

Hoy, 19 de mayo se cumplen tres décadas del título que obtuvo en Roma el español en el Internazionali BNL d’Italia. “Roma siempre ha sido para mí muy especial, un estadio con tanta historia, rodeado de estatuas y al lado del estadio Olímpico, es como jugar con los dioses”, confiesa Sánchez Vicario a ATPTour.com, que ha querido rememorar uno de sus momentos más emotivos.

Jugar, bailar, brindar. Aquella semana de 1991 se movió entre ellos como uno más. El español se coronó en el coliseo romano con 25 años, tras derrotar en la final al argentino Alberto Mancini.

“Llegué al torneo con muchísima confianza después de haber ganado el Godó ese mismo año”. Sin embargo, una final es una final y enfrente tenía un rival que había sido Top 10 y con el que no se sentía cómodo en pista.

“Normalmente con Mancini en los partidos previos me había puesto las cosas muy difíciles, me había ganado y su revés dificultaba mucho mi juego. Recuerdo que los primeros juegos fueron muy duros”.

Y así fue, porque el partido comenzó con una dura batalla por el primer set que tras 39 minutos cayó del lado del español. El esfuerzo de la semana no hizo mella en el español y en el segundo set pasó como un ciclón por encima del argentino, que además se lesionó muscularmente en el tercer set y se vio obligado a retirarse (6-3, 6-1, 3-0 y ret).

Emilio era campeón en Roma. Campeón de ATP Masters 1000. Campeón donde hasta entonces solo Manuel Orantes lo había logrado en la Era Open. Sin embargo, esta victoria no fue fruto del azar, sino de años de trabajo y de un idilio con el Foro Itálico, que había comenzado cinco años antes.

En 1986, con apenas 20 años, Emilio ya había enamorado a Italia gracias a dos victorias épicas que lanzaron su ya prometedora carrera. Aquella primavera romana fue capaz de derrotar en cuartos de final al alemán Boris Becker y en semifinales al sueco Mats Wilander, que había ganado su segundo Roland Garros un año antes.

La hazaña no pudo ser coronada. En la final le esperaba el checo Ivan Lendl, intratable por aquel entonces y que le venció en cuatro mangas. Tras este torneo, Emilio fue capaz de ingresar en el Top 20 por primera vez en su carrera.

Había nacido un romance con la ciudad romana, que años después (1990) le vería levantar también el título de dobles. Roma, esa ciudad que te engatusa entre sus piedras y su historia, también enamoró a Emilio: “Roma tiene magia por el público, por los romanos y cómo lo viven, ese calor y esa cercanía me encantaba y por suerte congeniaba con ellos.

Me han acogido y me terminé casando con una italiana, así que ha sido como mi segunda casa y estoy muy agradecido”. Y lo mejor estaba aún por llegar. En 1991 el español se plantó en la ciudad imperial con una vitola muy distinta, ya no era el joven que deslumbró al circuito cinco años atrás, sino un tenista consagrado en la modalidad de dobles.

Emilio ya había logrado los tres títulos de Grand Slam que cosecharía en su palmarés y la plata olímpica en Seúl. En el apartado individual llegaba como cabeza de serie número 9 del torneo.

Se plantó en la final “ganando los partidos de forma muy cómoda”, según recuerda el español que tenía el cartel de favorito y que no cedió ningún set por el camino.

Mancini sí sabía lo que era coronarse en Roma, ya que en 1989 había ganado el torneo. Los dioses romanos tenían preparado otra fortuna para aquel 19 de mayo y Emilio alzaba una copa con ellos. Si en los últimos años el Big 3 ha dominado el circuito con mano de hierro, en aquel momento ganar un ATP Masters 1000 no era nada sencillo.

Lendl, McEnroe, Noah, Wilander, Becker, Agassi, Sampras… Por eso, cuando Emilio desempolva el baúl de los recuerdos, valora mucho su primer y único título en la categoría que hoy conocemos como Masters 1000: “Era una época en la que ganar un torneo de esas características era muy duro por la competencia que había y verme lidiando con estos grandes jugadores era ya una gesta.

ganar este tipo de torneos es la confirmación de que puedes estar luchando con los mejores”. Una gesta que no pudo repetir en su carrera. Ironías del Olimpo, Emilio obtendría años después otra gran victoria contra Alberto Mancini.

Sería en las pistas, pero librando una batalla desde los banquillos. Y es que, 17 años después de aquel partido en el Foro Itálico, Emilio y Alberto se volvieron a ver las caras como entrenadores en Mar del Plata.

Una vez más, Sánchez Vicario insertaba su apellido en los libros de historia del tenis español y demostraba que, como Roma, los imperios tenísticos tampoco se construyen de un día para otro.