El día que Argentina ganó la Copa Davis con Diego Maradona en la grada



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El día que Argentina ganó la Copa Davis con Diego Maradona en la grada

En el diario argentino La Nación, el periodista Sebastián Torok habla sobre la inolvidable final entre Argentina y Croacia, disputada en Zagreb en 2016. En esa ocasión estuvo allí Diego Armando Maradona para seguir y animar a su equipo y acompañarlos hacia la victoria de la trofeo.

El 26 de noviembre, hace cuatro años, se disputaba la final de la Copa Davis entre Argentina y Croacia. Se jugó en Zagreb, donde la selección argentina con Daniel Orsanic, capitán desde 2015, había sabido dominar a sus jugadores y el grupo, a diferencia de otros momentos de abundancia, tenía una figura que destacaba por encima del resto, Juan Martín Del Potro.

La preparación iba bien hasta que, inesperadamente, la noticia cambiaría para siempre su viaje a Croacia: Diego Maradona llegaría a Zagreb para presenciar la final. Martes 22 de noviembre de 2016, tres días antes del inicio de la serie en Arena Zagreb.

Maximiliano Pomargo, cuñado del abogado Matías Morla, envió un mensaje de WhatsApp a Pablo Estévez, entonces responsable de prensa de la Asociación Argentina de Tenis. "Pablo, buenos días, trabajo para Maradona.

Diego no ve la hora de ver la Copa Davis", fue el primer contacto. Diego, aficionado al tenis, estaba en Dubai y, como tantas veces en su vida, quería apoyar a los deportistas argentinos. Para el grupo la presencia de la estrella el fútbol habría servido como estímulo emocional, pero también existía el riesgo de distraerse del objetivo principal.

Ante una figura tan magnética y arrolladora, el cuerpo técnico no sabía cómo reaccionarían los jugadores. Una de las pautas que Orsanic y Mariano Hood (vicecapitán) habían acordado con los jugadores era que nadie que no fuera parte de la delegación oficial podía entrar al vestuario.

Los tenistas no pudieron recibir visitantes, aunque fuera el propio presidente de Argentina, tuvieron que responder negativamente porque el cuerpo técnico no se lo permitió. Cuando la noticia de Maradona se difundió por todo el campus, se habló y no se cambiaron las reglas.

Todo debería seguir funcionando igual, sin distracciones. En la noche del jueves 24, Maradona ingresó al estacionamiento de DoubleTree, obligado a reforzar la seguridad. Los jugadores de Copa Davis ya estaban descansando en sus habitaciones para el debut el otro día.

Diego fue recibido por Diego Gutiérrez (entonces vicepresidente de la AAT) y Viviana Gentile (coordinadora del área profesional), quienes informaron que los jugadores tenían muchas ganas de verlo, pero que no lo harían hasta la tarde del día siguiente, luego de los dos primeros juegos de la serie.

Diego, que inicialmente se iba a alojar en otro hotel, accedió y se dirigió al noveno piso, donde había reservado su habitación (los jugadores estaban en el sexto). En un principio Diego tenía un palco reservado detrás del banquillo argentino, muy cerca de la afición que se había ido a Croacia, pero se concluyó que esta ubicación, tan ligada a los protagonistas, podría convertirse en un inconveniente y se le asignó otro sector, en una esquina un poco más alejada.

El viernes 25 de noviembre, Maradona ocupó su lugar en la etapa 107 del Arena Zagreb una hora antes del inicio del primer partido, entre Federico Delbonis y Marin Cilic.

El estadio seguía semivacío pero Diego no quería perderse el himno nacional. Sufrió, se divirtió, gritó. Con el 1-1 (derrota de Delbonis y victoria de Del Potro ante Ivo Karlovic), regresó al hotel y ahí sí, se produjo el primer contacto con los jugadores.

Quienquiera que estuviera en esa habitación está de acuerdo: fue un momento hipnótico. “Llegó, se sentó como uno más, transmitió un gran sentimiento hacia el equipo, nos animó.

Fue muy emotivo escucharlo. Nunca perdió el sentido de dónde nació. Contó anécdotas con Fidel Castro, de noches jugando a las cartas, fumando cubanos”, recuerda Alberto Osete, preparador físico de ese equipo de Copa Davis.

La reunión duró unos 45 minutos. Diego volvió a su habitación, cenó y se durmió temprano. Cuando despertó el sábado por la mañana, escuchó una noticia impactante: la muerte de Fidel Castro.

Se especuló que dejaría Zagreb y volaría para el funeral en Cuba. Sin embargo, Diego se mantuvo hasta el último partido. "Me llamaron desde Buenos Aires para contarme y un grito terrible se apoderó de mí, porque Fidel era como mi segundo padre.

Viví en Cuba cuatro años y Fidel me llamó a las dos de la mañana para hablar de política, deportes o de lo que estaba sucediendo en el mundo, y estaba listo para hablar. Después de la muerte de Tota y mi viejo, es el dolor más grande que tengo, de verdad”, dijo Maradona antes del doblete entre Del Potro y Leo Mayer ante Cilic e Ivan Dodig.

Maradona con Argentina para la final de Davis

"Ese sábado, después de cenar, fuimos a su habitación. Diego estaba en pijama, tratando de sintonizar un programa de fútbol de Italia. Charlamos durante 40 minutos, hablamos de su paso por el fútbol y el tenis italiano, un deporte que amaba.

Leo Mayer le dio su raqueta y en broma le dijo que iba con el teléfono del kinesiólogo, porque era pesado y podía lastimarlo. Allí Diego dijo que Marat Safin le había regalado su raqueta y que también era pesada.

Fue una buena charla en un momento de concentración, porque íbamos 2-1 abajo y al día siguiente teníamos que seguir”, confiesa hoy Orsanic.

Le tocó a Del Potro, muy cerca de Maradona, conseguir la victoria y llevar el desafío al 2-2. Diego, tras la victoria del gigante de Tandill, no se contuvo más y se fue, por primera vez, al vestuario.

“Cuando Delpo ganó el domingo, Diego salió y flotó por los pasillos. No tenía credenciales, pero esos mismos agentes de seguridad se separaron al verlo, sonreír, pedir autógrafos, fotos.

Fue increíble lo que transmitió", recuerda Osete, con ojos brillantes. Cuando Maradona entró en el vestuario le dijo a Juan Martín: "¡Qué partido ganó, maestro!", y que estaba en la camilla recibiendo masajes.

Se unieron en un abrazo muy emotivo. Del Potro le dio a Diego una camiseta que, mirando a los pocos presentes, espetó: "¿Martín no me puede dar la raqueta?" "Sí, claro, Diego", le dijo Juan Martín y le entregó uno de las que tenía en la mano un rato antes.

Diego, radiante, vuelve apresuradamente a las gradas, para animar a Delbonis ante Karlovic. La victoria 6-3, 6-4 y 6-2 del argentino hace triunfar al país sudamericano. “Estábamos inseguros, pero él estuvo muy atento, respetó nuestros tiempos, nuestros pedidos y nos apoyó muy bien.

Fue muy positivo”, dice Orsanic. “Desde el primer día que llegó cumplió con los pedidos que se le hicieron para que los chicos estuvieran tranquilos. Fue a animar al equipo y su chispa y sus frases se quedarán para siempre”, añade Gustavo Tavernini, técnico de Delbonis.

“Muchos dijeron que quería un papel protagónico, cuando lo único que quería era animar. Lo único que me importaba era estar en las gradas animando. Ni siquiera me presenté en el hotel hasta que me llamaron”, dijo Maradona en aquel momento.