El fin de semana del tenis mundial ha quedado grabado con letras de oro ante el emotivo e inevitable ingreso de Roger Federer al prestigioso International Tennis Hall of Fame. La ceremonia en Newport no solo sirvió para rendir tributo al mayor embajador que ha tenido este deporte en las últimas décadas, sino también para reunir a los nombres más ilustres que moldearon su leyenda. Entre todos ellos, la presencia de Stefan Edberg acaparó los reflectores de la prensa internacional: el sueco no solo fue el ídolo absoluto de la infancia del helvético, sino el arquitecto táctico que rediseñó su tenis en un momento crítico de su carrera.
A través del set de Tennis Channel, el extitular del escalafón mundial retrocedió en el tiempo para relatar el origen de aquella alianza dorada que duró dos temporadas y que colocó los cimientos del segundo aire de Federer en el circuito profesional.
"Definitivamente no tuve ninguna pesadilla, pero sí recibí una llamada. Creo que Tony (Godsick) habló conmigo quizá en Wimbledon. Luego Roger me llamó bastante tarde desde Shanghái, o desde donde estuviera jugando, y me preguntó si quería ayudarle formando parte de su equipo", recordó Edberg con nostalgia.
"La llamada que cambió a Federer": Edberg revela la reinvención del genio de Basilea
Aceptar el reto no fue una decisión impulsiva para la leyenda sueca, quien ya se había apartado de la vorágine del circuito: "Fue un pequeño shock, pero al mismo tiempo, ¡qué privilegio que me lo pidiera! Necesité algo de tiempo para pensarlo porque cambia tu vida, especialmente con una familia viajando. Nunca pensé que volvería al circuito como entrenador, pero creo que Roger es un tipo tan especial que pensé: si puedo ayudarle, ¿por qué no intentarlo? Tuvimos una gran semana en Dubái y después empezamos".
Al momento de desembarcar en el equipo del de Basilea, Edberg entendió rápidamente que el tenista suizo necesitaba una metamorfosis urgente si pretendía sostener el pulso ante las dos bestias negras que amenazaban su hegemonía: Rafael Nadal y Novak Djokovic.
"En primer lugar, él era consciente de que tenía que cambiar algunas cosas. Cambió la raqueta, lo que fue importante, hacia una más moderna. Pensé que necesitaba jugar un poco más ofensivo, quizá moverse un poco más arriba en la pista y tomar el control de los puntos, porque es difícil ganar a Rafa y Novak desde el fondo de la pista", analizó el sueco sobre aquel diagnóstico quirúrgico.
Esa exigencia de acortar los puntos y adueñarse de la red fue el gran sello identitario de su ciclo juntos: "Le empujé a moverse hacia delante en la pista. En lugar de estar un metro por detrás de la línea de fondo, estar sobre la línea, tomar la pelota al subir, entrar en la red y ser un poco más agresivo. Creo que funcionó bastante bien. Lleva tiempo adaptarse, pero seguía jugando un tenis fantástico".
Aunque aquella etapa entre 2014 y 2015 se cerró con dolorosas derrotas en finales de Grand Slam ante Djokovic, la semilla sembrada por Edberg germinó años más tarde con la conquista de tres 'Majors' más por parte del helvético. "Sabíamos que iba a ser difícil. Llegó a algunas finales y se enfrentó a Novak en partidos que podría haber ganado. Pero unos años después ganó algunos Grand Slams más, y fue fantástico ver que el trabajo dio sus frutos", celebró.
Sin embargo, si hay una jugada icónica que marcó a fuego el tramo final de la carrera de Federer fue la famosa restada suicida conocida como SABR (Sneak Attack By Roger). Al ser cuestionado sobre la paternidad táctica de dicha locura, Edberg tiró de honestidad brutal para romper el mito.
"Dejémoslo claro: no tuve nada que ver con el SABR. Me quedé tan sorprendido como cualquiera cuando lo vi jugar en Cincinnati. Creo que era algo divertido que hacía en los entrenamientos y, de repente, yo estaba viendo el partido en casa y pensé: ‘¿Qué está pasando aquí?’. Fue fantástico que ocurriera porque se habló de ello durante mucho tiempo y era algo nuevo para el tenis, pero fue totalmente cosa suya", confesó entre risas.
Para finalizar, la leyenda sueca rindió pleitesía a su exdirigido en su entrada al Templo de la Fama y dejó un mensaje lleno de fe sobre el devenir del deporte de la raqueta tras el vacío dejado por el 'Big 3'.
"Esto es enorme para el tenis y aporta una nueva energía. Obviamente, Roger merece toda la atención del mundo. Probablemente ha sido el mayor embajador del tenis de muchas generaciones. Ha atraído a diferentes aficionados y eso hace que todo sea muy especial. Ahora estamos viendo a Carlos Alcaraz y Jannik Sinner, que también están atrayendo a muchísimos fanáticos. Soy bastante optimista respecto al futuro del tenis. Aunque pensaba que la transición sin Rafa y Roger iba a ser complicada, gracias a Dios todavía tenemos a Novak jugando, lo cual es increíble", concluyó la leyenda nórdica.
