La memoria de los elegidos funciona de una manera tan asombrosa como despiadada. Capaces de archivar en sus vitrinas las hazañas más inalcanzables del planeta, las leyendas suelen quedar marcadas a fuego no por sus noches de gloria, sino por aquellos milímetros donde la historia cambió de rumbo. En una reveladora e íntima intervención en el prestigioso Doc Talk Podcast, Rafael Nadal ha decidido desnudarse emocionalmente para desenterrar el pasaje más doloroso de su legendaria rivalidad frente a Novak Djokovic, un recuerdo que, a pesar del paso de los años, se mantiene intacto y punzante en su cabeza.
El balear, que edificó junto al serbio y a Roger Federer el trinomio más salvaje y dominante que jamás haya pisado una cancha de tenis, admitió que existe un instante específico en sus sesenta batallas contra "Nole" que todavía le genera un profundo malestar visual y deportivo.
El "passing shot" la mala suerte de Melbourne: "Era un golpe muy fácil"
Para entender el calvario psicológico de Nadal hay que viajar en el tiempo hasta la madrugada australiana de enero de 2012. En aquella mítica final del Australian Open —un maratón de desgaste físico que rozó las seis horas de duración—, el manacorí mandaba en el quinto set con una rotura de ventaja a su favor. Fue en ese preciso instante de máxima efervescencia táctica cuando el balear dispuso de un "passing shot" definitivo para confirmar el quiebre y poner de rodillas al serbio; un impacto que, incomprensiblemente para su jerarquía, terminó muriendo fuera de los límites de la pista.
"Es el pasado, pero es positivo. He tenido una carrera mucho mejor de lo que jamás habría podido soñar. Los periodos de lesiones fueron los peores. Ese passing shot contra Djokovic en la final del Australian Open 2012, por ejemplo, lo he vuelto a ver y pienso: 'Me duele verlo'. Era un golpe muy fácil y prácticamente significaba ganar el torneo"; dijo el campeón de 22 Majors.
Aquel fallo psicológico dio oxígeno a un Djokovic indomable que terminó dándole la vuelta al marcador en el choque más largo de la historia de los Grand Slams. Un duelo que dejó el balance particular de la rivalidad más repetida de la era abierta en un ajustadísimo 31-29 a favor del de Belgrado.
Capítulo cerrado: La paz del guerrero en su propio museo
A pesar del pinchazo nostálgico que le produce revivir aquel error táctico sobre el cemento de Melbourne, el catorce veces monarca de Roland Garros dejó claro que su desconexión con la mentalidad de trinchera del circuito es absoluta. Nadal ya no razona bajo los códigos de la competición pura y mira su legado con la madurez del que sabe que lo entregó todo en el altar del tenis profesional.
"Esa etapa de mi vida está cerrada y está cerrada bien. Tengo recuerdos maravillosos, pero ya no pienso como un tenista. Cuando veo vídeos o fotografías en el museo de la academia me emociono, pero es un capítulo terminado".
Nadal ha colgado las raquetas con veintidós coronas imperiales en su expediente, pero la confesión de su fallo en 2012 humaniza por completo al mito. Ni siquiera los reyes del Olimpo son inmunes a los fantasmas de una pelota que se marchó por unos centímetros.
