El cemento de Flushing Meadows ya respira la atmósfera del último gran desembarco de la temporada. Con más de un mes de anticipación respecto al inicio del US Open 2026, Novak Djokovic ya se encuentra en territorio estadounidense. Aunque su presencia inicial en la Gran Manzana responde a compromisos comerciales relacionados con el inminente estreno de su documental en Amazon Prime, el actual número 7 del ranking ATP aprovechó los focos del célebre programa matutino de la cadena CBS para abrir el plano de su realidad. En una conversación de altísima carga emocional, el balcánico pasó página a la reciente frustración sufrida en las semifinales de Wimbledon ante Jannik Sinner y desnudó las complejidades biológicas de convivir con la exigencia diaria a las puertas de los 40 años.
La tregua del guerrero: Djokovic desafía a la biología en Nueva York con una promesa intacta
Para el de Belgrado, el paso del tiempo dejó de ser un simple número estadístico para transformarse en un diálogo directo con sus propias articulaciones.
Djokovic no ocultó que la velocidad de regeneración de su cuerpo ha entrado en una fase estrictamente madura, recordando el extenuante partido de más de cinco horas que disputó ante Félix Auger-Aliassime en la hierba londinense como el detonante de su posterior caída.
“Estoy pensando en jugar un gran tenis, y realmente, si no estoy pensando en ello, la gente me lo recuerda. Si las personas no me recuerdan mi edad, entonces mi cuerpo me lo recuerda, y simplemente estás intentando aprovechar cada porcentaje de energía que pueda para poder competir todavía a un nivel élite contra jugadores jóvenes. El cuerpo responde de manera diferente, y eso es solo biología. El desgaste de más de 20 años al más alto nivel está pasando factura y me toma más tiempo recuperarme. Después de esos cuartos de final de cinco horas y quince minutos, simplemente no pude recuperarme completamente para las semifinales y no estaba tan fresco como quería, pero sin restarle mérito a Sinner, que ganó y se llevó el torneo”.
A pesar de las alarmas biomecánicas, el idilio de Nole con el público neoyorquino actúa como un analgésico definitivo. El serbio confirmó su inscripción previa en el Masters 1000 de Cincinnati como escala obligatoria antes de asaltar el templo del Arthur Ashe.
“Lo que más espero del US Open el próximo mes en Nueva York es competir al más alto nivel. Mi mayor competencia, como siempre, soy yo mismo. El US Open es uno de los cuatro Grand Slams, y creo que es el más entretenido y emocionante, además de contar con el estadio más grande de nuestro deporte. No puedo esperar. Una de las razones principales por las que todavía compete es la energía del público y el aprecio y respeto que he recibido, especialmente en los últimos años alrededor del mundo, algo por lo que no puedo agradecer lo suficiente. Me importa mucho”.
El pasaje más íntimo de la entrevista emergió cuando Djokovic rebobinó el casete de su infancia en una Serbia golpeada por los conflictos bélicos. Sin antecedentes tenísticos en su entorno, el campeón de 23 Majors rememoró el peso de haber elegido la disciplina más costosa en el peor contexto económico posible, y el sacrificio colateral que debieron asumir sus hermanos menores, Marko y Djordje.
“Tenía cuatro años cuando empecé a jugar al tenis. Nadie en mi familia extensa había tocado una raqueta antes. No tenemos una tradición de tenis en Serbia, no la teníamos hasta ese momento. And entonces me interesé. Observé este deporte y luego empecé. Me enamoré. Le pedí a mi padre que me comprara una raqueta y así comenzó toda la historia de amor con el tenis. Lo conecto con mi infancia, mi crianza, un país devastado por la guerra, varias guerras durante los 90, embargos, crisis económicas, crisis sociales, crisis de todo tipo. Elegí el deporte más caro y mis padres querían apoyarme”.
Esa asimetría en el soporte familiar encendió una llama interna que terminó por moldear su legendaria mentalidad de acero sobre las pistas.
Djokovic eleva el apoyo de sus padres y de su esposa
“Tengo dos hermanos menores que también querían jugar al tenis y realmente no recibieron el tipo de apoyo que yo recibía. Mis padres se sintieron mal por eso, pero era el tipo de decisiones que tenían que tomar. Así que me hice una promesa a mí mismo de que iba a recompensar a mis padres y hermanos para que tuvieran la mejor vida posible. Pero aquí estamos en 2026 porque todo ese trabajo me ha llevado a donde estoy ahora" .
Hoy, con la gloria material resuelta, el balcánico dosifica sus apariciones en el calendario con un único propósito: retribuir a su esposa, Jelena, la estabilidad emocional y la gestión del hogar mientras él persigue sus últimos récords en el asfalto.
“Mi esposa ha sido un pilar. Ha sido muy comprensiva. Sería muy difícil hacer lo que hago sin su apoyo y sin que gestione todo el hogar, además de ocuparse emocionalmente de nuestros hijos. Cuando me ausento y me pierdo algunos eventos importantes en la vida de ellos, es duro. Pero ella sigue apoyándome para que pueda vivir mi sueño. También quiero equilibrar eso. Por eso ahora no juego tanto como antes, porque quiero ser el mejor esposo, padre, hermano e hijo posible”.
Lejos de colgar las raquetas, el serbio cerró su intervención televisiva enviando un rotundo mensaje a la nueva generación que pretende jubilarlo antes de tiempo. Novak no compite por los títulos del pasado; compite contra el espejo.
“Siento que tengo que demostrar algo. Siempre hay algo que demostrarme a mí mismo primero y a los demás, pero, sobre todo, a mí mismo, que puedo ser siempre mejor que ayer. Siento eso también. Siempre puedo ser mejor que ayer”.
