Pocos tenistas en la época contemporánea poseen la autoridad moral y el registro de batalla de Stan Wawrinka para desglosar la verdadera escala del Big 3. El coloso de Lausana, que apura los últimos cartuchos de su icónica trayectoria profesional antes de colgar las raquetas a finales de temporada, decidió vaciarse en el micrófono del podcast First & Red. Tras anunciar su baja estratégica de última hora en el torneo de Mallorca para preservar su físico de cara a La Catedral, el helvético de 41 años trituró cualquier atisbo de duda en el debate histórico, situando a Novak Djokovic en un peldaño inalcanzable para los mortales.
Para "Stan the Man", la acumulación de hitos y la longevidad del serbio no admiten réplica ni discusiones pasionales en las tertulias del circuito.
Una distancia sideral en las páginas de oro
El helvético, que ostenta el orgullo de haber batido al de Belgrado en seis oportunidades en el circuito grande, analizó la frialdad de los números con absoluto rigor periodístico para sentenciar la discusión del tenista más grande de todos los tiempos.
"Si sumamos todo, Novak Djokovic es el mejor de la historia, y por un margen enorme. Lo que ha hecho todos estos años es increíble. Ha batido todos los récords y sigue compitiendo al más alto nivel".
Esta rendición de pleitesía adquiere un valor mayúsculo al provenir de su verdugo más indomable en las grandes finales de Grand Slam. Wawrinka retrasó la gloria del balcánico al arrebatarle las coronas de Roland Garros y el US Open, consolidando una rivalidad legendaria que, según el propio suizo, encontró su punto de ignición en una caída agónica en Australia 2013 (perdiendo 12-10 en el quinto set).
"Aunque perdí, ese partido cambió mi carrera. Fue entonces cuando me di cuenta de que mi éxito en los Grand Slams era real y no solo teórico. Es, sin duda, el mejor partido de mi carrera, un partido a cinco sets contra un rival que ocupaba el primer puesto del ranking mundial".
Nadal, el martirio definitivo sobre la arcilla de París
Pese a coronar a Djokovic en el balance absoluto de la inmortalidad, Wawrinka quiso trazar una línea divisoria al evaluar el sufrimiento puro dentro de una cancha de tenis. El suizo diferenció la supremacía estadística del balcánico del infierno táctico que representaba cruzarse con la bota de Rafael Nadal cuando el partido se extendía al límite de los cinco sets en territorio europeo.
"Rafa Nadal fue mi rival más duro, sobre todo en tierra batida, especialmente en Roland Garros, sobre todo en partidos a cinco sets. Jugar contra él en la tierra batida de París fue el reto más difícil para mí".
Con el crepúsculo de su carrera asomando en el horizonte, las confesiones de Wawrinka operan como un testamento deportivo. El hombre del revés perfecto se marcha del tenis habiendo conquistado tres Majors, pero reconociendo con total hidalguía los límites colonizados por el chasis biónico de Novak Djokovic.
