Hablar de Novak Djokovic en los torneos Masters 1000 solía ser sinónimo de una sentencia dictada de antemano. Con un récord histórico de 40 consagraciones, el serbio transformó esta categoría en su patio particular. Sin embargo, lo vivido recientemente en el Foro Itálico no es un hecho aislado, sino la confirmación de una tendencia que puede calificarse como preocupante: el muro de Belgrado ha comenzado a ceder.
La derrota en su estreno en el Roma Open ante el joven Dino Prizmic (2-6, 6-2 y 6-4) no solo fue un golpe al orgullo, sino que extendió una estadística demoledora. Djokovic acumula ahora cuatro derrotas en sus últimos siete debuts en torneos de esta envergadura. Lo que antes era un trámite para entrar en calor, hoy se ha convertido en una trampa mortal para el máximo ganador de la historia.
Una hemorragia que no se detiene
Para encontrar el origen de este bache, hay que mirar hacia atrás. La temporada pasada ya encendió las alarmas con caídas prematuras ante Botic van de Zandschulp en Indian Wells, Alejandro Tabilo en Montecarlo y Matteo Arnaldi en Madrid. La invulnerabilidad se ha disuelto y los rivales, antes intimidados por su sola presencia, ahora huelen la sangre desde el primer set.
El dato que termina de hundir el puñal es la falta de trofeos. La última vez que vimos a "Nole" levantar un título de esta categoría fue en París-Bercy 2023. Desde entonces, su mejor registro fue la final perdida en Miami 2025 ante Jakub Mensik. Para un hombre que promediaba varios títulos de este calibre por año, entrar en un desierto de casi tres temporadas es una anomalía sistémica.
Rumbo a París sin red de seguridad
La estrategia para Roland Garros también ha sufrido un revés logístico. Djokovic confirmó que no defenderá su corona en el ATP 250 de Ginebra, donde el año pasado alcanzó la histórica cifra de 100 títulos en su carrera. Esta decisión implica no solo llegar a París con una preparación deficiente, sino también perder 250 puntos vitales en el ranking mundial.
El propio serbio no oculta la frustración de ver cómo su cuerpo dicta las condiciones. "La verdad es que no es la preparación ideal. No recuerdo haber tenido en los últimos años una preparación sin problemas físicos o de salud antes del torneo", confesó tras su caída en Italia. Para Novak, esta es una "nueva realidad" con la que debe lidiar, una donde el dolor es el compañero de viaje y los resultados ya no están garantizados por el simple peso de su nombre.
Esta versión intermitente de Djokovic será suficiente para sobrevivir a las batallas de cinco sets que le esperan en el polvo de ladrillo francés. El fantasma del retiro no se menciona, pero la mística del campeón está siendo puesta a prueba como nunca antes.
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