El tenis tiene una memoria corta y una lengua afilada. Bastó un tropiezo inesperado en el desierto de California ante Jack Draper para que los profetas del apocalipsis deportivo sacaran del cajón la palabra que Novak Djokovic más detesta: retiro. Sin embargo, en medio del ruido y las dudas sobre la forma física del serbio, ha surgido una voz autorizada, cargada de esa rebeldía que solo se adquiere tras haber sido el "chico malo" del circuito. Jimmy Connors ha salido al cruce con un mensaje que es, en esencia, un manifiesto de libertad.
A través de su podcast, "Jimbo" no solo defendió la vigencia de Nole, sino que disparó directo al corazón de quienes pretenden gestionar el final de las leyendas desde la comodidad del espectador. Para Connors, el tenis de Djokovic no es una deuda con el público, sino un romance privado que solo el protagonista tiene derecho a terminar.
El derecho a la propia gloria: "No le debe nada a nadie"
"No me gusta que haya gente diciendo que debería retirarse. Solo hay una persona que puede afirmar eso: él mismo", sentenció Connors con la contundencia de sus mejores años en la cancha. La leyenda estadounidense puso el foco en un aspecto que el análisis estadístico suele ignorar: el amor visceral por el juego. Según Connors, no se le puede arrebatar a un atleta lo que ama basándose en un resultado adverso.
La clave, para Jimmy, reside en la búsqueda interna de la excelencia. "La manera en la que está jugando, su historial lo demuestra... busca un nivel que le satisfaga. Esa es la mayor clave. No debe complacer a nadie, ni a ti ni a mí. Tiene que complacerse a sí mismo", añadió, recordándonos que el motor de un campeón de 24 Grand Slams no es el aplauso ajeno, sino la exigencia propia.
El refugio del guerrero: Seguir mientras el alma quiera
Connors, que se mantuvo competitivo hasta bien entradas las cuatro décadas, entiende mejor que nadie el dilema de Djokovic. Para él, si Novak sale a la cancha y siente que todavía tiene algo que entregar, el mundo debe simplemente observar y agradecer. "Si sale y siente que ya ha hecho todo, pero a pesar de eso tiene ganas de seguir haciéndolo... no podemos pedir nada más que eso".
La defensa de Connors llega en un momento de transición para el circuito, donde el empuje de la juventud parece querer jubilar prematuramente a los gigantes. Pero mientras el alma de Djokovic siga encontrando placer en el intercambio de golpes y en la gestión del sufrimiento, el debate sobre su adiós seguirá siendo, como dice Connors, una falta de respeto al arte del tenis.
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