Hay victorias que se cuentan en trofeos y otras que se miden en alma. Para Novak Djokovic, lo ocurrido en el Abierto de Australia ante Jannik Sinner trasciende las estadísticas. A sus 38 años, el serbio no solo venció al doble campeón defensor; derrotó al tiempo, a la lógica y a la nueva generación que pretendía jubilarlo antes de tiempo. "Sinceramente, esta victoria casi equivale a ganar un Grand Slam", soltó un Nole visiblemente aliviado en una rueda de prensa que ya es historia.
El renacer del Lobo: "La mejor actuación de la década"
El partido fue una carnicería táctica que se decidió en cinco sets agónicos (3-6, 6-3, 4-6, 6-4, 6-4). Djokovic, que venía de dudas tras un partido gris ante Musetti, emergió como el competidor más feroz de la historia del deporte. "No me atrevería a decir que ha sido la mejor de siempre, pero sí la mejor de los últimos años. Situó este partido como una de mis mejores actuaciones de la última década", afirmó el serbio, sacando pecho ante quienes dudaban de su vigencia.
Para Nole, el reto no era solo el tenis de Sinner, sino la motivación de seguir peleando contra jóvenes que le sacan casi dos décadas de diferencia. "Me imaginaba jugando contra Jannik y Carlos en las rondas finales... me siento muy afortunado de haberlo vivido ya en el primer grande del año. Estoy muy orgulloso y muy feliz", confesó el balcánico, quien reconoció que su plan de juego fue ejecutado con una precisión quirúrgica.
Alcaraz en el horizonte: Historia o Jubilación
La final del domingo ante Carlos Alcaraz no es un partido más; es la batalla por el trono del Olimpo. Djokovic sabe que el murciano llega con el ímpetu de la juventud, pero el serbio confía en su capacidad de recuperación mística. "Mañana no voy a entrenar. Voy a aprovechar cada hora para recuperar. Él me saca 15 o 16 años, biológicamente para él será más fácil, pero tengo muchas ganas", advirtió el hombre que busca su 11º título en Australia.
"Cada vez que jugamos hay historia en juego para los dos", sentenció un Nole que parece alimentarse de la presión. Mientras Alcaraz lidia con sus propios demonios físicos tras el escándalo de su polémico tiempo médico ante Zverev, Djokovic descansa sabiendo que ya dio el golpe en la mesa que necesitaba para avisar que el domingo venderá cara su piel.
