Hambre de fiera: Alexander Zverev asalta la final de Wimbledon y marca distancia

by Leonardo Gil
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Hambre de fiera: Alexander Zverev asalta la final de Wimbledon y marca distancia
© Cuenta X Wimbledon / Uso justo

Para algunos, tocar el cielo por primera vez en un torneo de Grand Slam representa la cumbre de una vida y el inicio de una silenciosa relajación competitiva. Para Alexander Zverev, la gloria conquistada sobre la arcilla de París hace unas semanas apenas ha sido el combustible para encender una hoguera de ambición absoluta. El alemán selló de forma categórica su pasaporte a la gran final de Wimbledon 2026 tras desactivar el ímpetu del británico Arthur Fery, consolidando la madurez de un tenis que cotiza al alza en los momentos de máxima presión.

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El rugido de Sascha: La corona de Roland Garros solo fue el aperitivo

Al bajarse de la pista londinense, el flamante finalista no dudó en trazar una línea divisoria respecto a otros espejos del circuito.

"Estoy muy feliz de estar en una final de Wimbledon. Ahora solo espero jugar un buen partido el domingo. Yo sigo concentrado. Sigo teniendo hambre", disparó Alexander Zverev en la sala de conferencias, abriendo el debate al compararse de forma fidedigna con el destino deportivo de un antiguo rival. "Creo que cada persona es diferente. Dominic Thiem puso toda su vida y toda su alma en ganar aquel Grand Slam. Remontó dos sets en contra contra mí en la final del US Open y creo que para él fue un alivio tan grande que quizá mentalmente terminó siendo demasiado alivio. Yo quiero más. Quiero seguir jugando al máximo nivel y seguir ganando torneos. Espero poder hacerlo y el domingo tengo otra gran oportunidad".

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La metamorfosis de la derecha y el desafío de mover 96 kilos

El éxito del número tres del planeta no responde a un milagro psicológico, sino a una brutal reingeniería de sus golpes de fondo bajo las órdenes de su equipo de trabajo.

"Hoy fue un partido un poco de todo. El primer set no fue especialmente bueno, pero el segundo y el tercero sí lo fueron. Arthur era un rival muy diferente a los que tuve en octavos y cuartos, con grandes sacadores y grandes pegadores, así que necesité adaptarme. Cuando encontré mi ritmo, sentí muy bien la pelota", desmenuzó Sascha, enfatizando que la agresividad es su nueva doctrina. "He hablado mucho de esto durante este año. He intentado jugar de una forma más agresiva y tomar más la iniciativa. Mi derecha es una parte muy importante de ese cambio. Cuando golpeo bien ese golpe siento que estoy jugando bien; cuando no funciona, soy un jugador mucho más vulnerable. En los últimos meses creo que está funcionando bastante bien".

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Zverev, además, tuvo palabras de elogio para Fery —"está a un gran nivel... si ya estás jugando semifinales de Grand Slam y aún sientes que puedes crecer mucho, eso es una gran noticia"—, antes de reflexionar sobre la exigencia física que le impone su propia fisonomía en el césped. "Yo tengo que trabajar muchísimo más el aspecto físico que jugadores más bajos. Peso 96 kilos y eso supone más de veinte kilos de diferencia respecto a muchos rivales. Ellos quizá tengan que trabajar más para encontrar potencia o puntos gratis; yo tengo que trabajar mucho más para mover un cuerpo de este tamaño".

El búnker del silencio y el drama del pasaporte de su abuela

Para sostener el foco durante los catorce días de máxima hostilidad mediática que exige la Catedral, el germano aplica una estricta disciplina tecnológica que lo aísla del ruido exterior de forma radical.

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"Mi teléfono está apagado desde hace años durante los Grand Slams. Nunca lo tengo encendido mientras dura un Grand Slam", reveló sobre sus hábitos de concentración. Sin embargo, esa coraza de frialdad se rompió al abordar la parcela más íntima de su entorno, lamentando la obligada ausencia de un pilar fundamental en las gradas del All England Club.

"Fue maravilloso tener a mi abuela conmigo en París. Desgraciadamente tiene pasaporte ruso y no dispone de un visado que le permita quedarse más tiempo. Ojalá pueda solucionarse y pueda acompañarme durante más tiempo", confesó con evidente nostalgia. A las puertas de la cita del domingo, Zverev sabe que la victoria ya no es una hipótesis lejana; ha transformado el éxito en una estructura científica y está listo para reclamar su segunda gran corona del año.

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