La gloria eterna en el tenis suele exigir un tributo que roza los límites de la cordura y el físico. Semanas después de levantar la Copa de los Mosqueteros en París tras una batalla de cinco sets ante el combativo Flavio Cobolli, Alexander Zverev ha decidido romper el blindaje mediático. En una impactante entrevista concedida a la edición alemana de Esquire, el número tres del mundo desnudó los fantasmas, las parálisis físicas y la asfixiante presión psicológica que arrastró a sabiendas de que se enfrentaba a la oportunidad definitiva de su vida ante las ausencias de Alcaraz, Djokovic y Sinner.
El de Hamburgo, que cargaba con la pesada losa de tres finales de Grand Slam perdidas en su historial, reconoció que saltó al feudo francés con una mentalidad de trinchera absoluta, dispuesto a todo con tal de no firmar otro fracaso histórico.
El colapso del cuarto set: "Me dieron calambres... no soy un robot"
A pesar de arrancar con autoridad, el duelo ante Cobolli mutó en un drama absoluto que se estiró hasta el parcial decisivo. Zverev reveló que al cierre de la cuarta manga su cuerpo comenzó a quebrantarse de forma alarmante, una situación límite que, de forma paradójica, terminó destrabando el nudo mental que lo tenía atenazado.
"Sabía que si perdía, me moriría en esa cancha. Así que tenía que hacer todo lo posible para ganar ese partido. Para la final estaba completamente exhausto, tanto física como emocionalmente. Me dieron calambres al final del cuarto set. Curiosamente, eso me ayudó emocionalmente porque me distrajo tanto que pude relajarme mentalmente. Mi brazo se movía con más facilidad y jugué con mucha más soltura, a pesar de los problemas físicos. El quinto set fue el mejor".
El flamante campeón de la tierra batida no tuvo reparos en criticar su propio nivel de juego durante la definición, exigiendo empatía a una grada que muchas veces olvida el factor humano detrás de las raquetas de élite.
"Sé que no jugué la final tan bien como los partidos anteriores... Pero también sé que soy humano, no una máquina. No soy un robot que se enciende y te dice: 'Bien, ahora haz esto a la perfección'. No funciona así. La gente tiene emociones, tiene sentimientos, se pone nerviosa. Y ese fue sin duda mi caso. Sabía que si no ganaba esta final, probablemente no conseguiría ningún título de Grand Slam", confesó el germano.
La cacería por el número uno: El aviso a Sinner y Alcaraz
Con la barrera psicológica de los Majors finalmente destruida, Sascha mira el horizonte del circuito con una confianza renovada. Aunque su próximo e inmediato desafío es Wimbledon —un territorio históricamente hostil donde nunca ha podido cruzar el umbral de los octavos de final—, el gigante teutón ya tiene entre ceja y ceja el trono de la ATP.
"Siento que puedo ganar más torneos de Grand Slam porque ahora sé cómo hacerlo... Convertirme en el número uno del mundo sigue siendo mi objetivo principal. El camino hacia la cima será tremendamente difícil. Esos dos chicos de arriba, Jannik Sinner y Carlos Alcaraz, están jugando un tenis increíble. Son jóvenes y dominarán el circuito durante la próxima década. Pero quizás por fin he logrado abrirme paso. Si puedo mantener el nivel que mostré en París, todo es posible".
Zverev ha dejado claro que París no fue el techo de su carrera, sino el interruptor que necesitaba para soltar amarras. Con el trofeo en casa y la mente liberada, el "león" alemán se postula listo para asaltar el olimpo del tenis y aguarle la fiesta a la nueva generación.
