En el tenis, como en la vida, hay derrotas que duelen por el marcador y otras que ofenden por la forma. La eliminación de Alexander Zverev en el Masters 1000 de Roma ante el local Luciano Darderi pertenece al segundo grupo. El alemán, actual número 3 del mundo, no solo se fue del torneo por la puerta de atrás tras desperdiciar puntos de partido, sino que se llevó consigo una de las críticas más feroces que se recuerden en el Foro Itálico.
Adriano Panatta, el último gran emperador del tenis italiano antes de la era Sinner y único verdugo de Bjorn Borg en la tierra de París, ha decidido que ya ha visto suficiente del tenis de "Sascha".
"Por principio, ya ni siquiera lo veo"
Panatta, conocido por su estilo elegante y su lengua afilada, utilizó su podcast La Telefonata para desahogarse sobre el juego del alemán. Sus palabras no dejaron espacio a la interpretación: "He llegado a un punto en el que, por principio, ya ni siquiera veo a Zverev, porque me aburre. Ya sé lo que va a hacer".
Para el campeón de Roland Garros de 1976, la previsibilidad de Zverev es solo la punta del iceberg. Lo que realmente indigna a la leyenda italiana es la fragilidad mental que el alemán mostró tras dejar escapar el segundo set ante Darderi.
La desconexión de un "niño"
Zverev tuvo el partido en sus manos, pero tras fallar en el cierre, su competitividad desapareció por completo en el parcial decisivo. "Cualquiera puede ganar el primer set y luego dejar escapar el segundo, incluso con varios puntos de partido. Eso sucede. Pero lo más preocupante es que simplemente no jugó el tercer set", analizó Panatta con dureza.
La sentencia final del ex número 4 del mundo fue un dardo directo al corazón del prestigio del alemán: "A veces reacciona como un niño".
Un número 3 bajo la lupa
No es la primera vez que Zverev genera opiniones divididas, pero recibir este "golpe de realidad" de una palabra autorizada como la de Panatta —ganador de 10 títulos ATP y la Copa Davis— sitúa al alemán en una posición incómoda de cara a los próximos desafíos.
Mientras Darderi celebra la victoria más importante de su vida, Zverev abandona Roma con la maleta llena de dudas y con el estigma de ser, para los puristas, un jugador que se apaga cuando el voltaje sube.
