La noticia saltó en la noche del martes como un jarro de agua fría y encendió de inmediato todas las alarmas en el planeta tenis: Carlos Alcaraz se causaba baja del Masters 1000 de Cincinnati. Tras cuatro meses de calvario por la lesión en la muñeca derecha que lo apartó de Roland Garros y Wimbledon, el temor a una recaída reapareció en la mente de los aficionados. Sin embargo, la realidad que se respira en El Palmar dista mucho del pánico: no hay un nuevo problema físico, sino una férrea lealtad a los tiempos de recuperación.
Sin prisas ni recaídas: El motivo real por el que Carlos Alcaraz frena su regreso en Cincinnati
La decisión de renunciar al cemento de Ohio responde a un diagnóstico puramente de rodaje. Aunque la articulación ha respondido de forma positiva a la carga progresiva de los últimos 14 días, la exigencia de viajar esta misma semana para competir en la élite obligaba a acortar etapas de entrenamiento que su equipo considera innegociables.
El periodista murciano Álvaro Sánchez, cercano al entorno íntimo de Carlitos, desmitificó los rumores catastróficos y trazó una radiografía exacta del momento que atraviesa el número dos del mundo.
“Si ponemos que Australia o Doha de este año es su 100%, ahora mismo diría que está a un 55%. Para volver, él querrá estar cerca de un 85-90%. Para eso aún queda”, reveló Sánchez.
El freno de mano puesto y el rechazo al riesgo
Tras un parón de cuatro meses, el pupilo de Samuel López y su cuerpo técnico se niegan rotundamente a correr. En las sesiones de trabajo diarias, el tenista de 23 años continúa afinando el saque, la derecha y la volea, pero aún compite con cierta cautela mental para ganar plena confianza en la articulación antes de someterla al estrés de un cuadro principal.
Lanzarse a la alta competición en Cincinnati sin el volumen de pista necesario equivaldría a tirar por la borda el esfuerzo de meses. La premisa del equipo es contundente: no tiene sentido arriesgar el futuro por apresurar el regreso unos días.
La incógnita del US Open y la vía de Winston-Salem
Con el US Open fijado en el calendario a partir del 30 de agosto, la hoja de ruta de Alcaraz entra en una quincena decisiva. Para llegar a Nueva York con garantías, el español debería volar a territorio estadounidense alrededor del 20 de agosto.
En ese contexto, medios locales como La Verdad deslizan la posibilidad de que el murciano solicite una wildcard para disputar el torneo de Winston-Salem la semana previa al Grand Slam. Aunque la cita pueda parecer precipitada, serviría como un puente intermedio para tomar ritmo de partidos sin saltar de golpe "de 0 a 100" en un gran escenario a cinco sets.
Las próximas dos semanas dictarán el veredicto final. Carlitos mantiene la ilusión y el deseo de estar en Flushing Meadows, pero todo dependerá de la respuesta de su muñeca en los entrenamientos venideros. La cuenta regresiva está en marcha y en El Palmar lo tienen claro: solo se volverá a competir cuando la garantía sea absoluta.
